Es más efectiva para la sed que un vaso de
agua, pero no es desabrida; más fría que el café, pero igualmente estimulante; menos
contundente que un vodka, un ron o un buen whisky, pero con la misma función de
desinhibirnos. Este néctar amargo presenta un punto medio entre todas las
bebidas, es el justo equilibrio en un universo líquido y el catalizador social
por excelencia. En este breve —pero preciso— manual encontrará el paso a paso,
o mejor, el sorbo a sorbo que lo guiará hasta reunirlo con la catarsis que se
ha propuesto antes de comenzar a tomar.
Para empezar, debe haber surgido una situación
que busque la presencia de una cerveza y un fin, una meta que se quiera
alcanzar con la ayuda de la bebida. Puede ser que un amigo suyo ha propuesto tomar
una para celebrar, para olvidar, para pasar un buen rato, para la sed; puede
que usted quiera dedicarse un tiempo a sí mismo, estar a solas, o, por el
contrario, no tenga más remedio ni compañía para su vacío que una pola.
Con la situación y el propósito claros, elija el
lugar donde sus deseos serán saciados. Así pues, puede ser su lugar de
confianza —aquel donde los alcohólicos más entregados al acto son reconocidos
por su asidua presencia y por sus gustos particulares—, o un lugar de paso: una
tienda o un pequeño bar que se les presenta a los transeúntes más desprevenidos
y que les alivia su dolor de vida. También su propia casa es una opción.
Recuerde que este punto puede verse afectado en caso de haber hecho una elección
de compañía, al gusto de cada seguidor de esta guía.
Luego de tener elegido el sitio, diríjase allí
y examine el lugar: ¿está muy lleno o muy vacío para su gusto?, ¿quiere una
mesa cerca de la barra, en la terraza —si fuma*— o en el fondo del bar para quiere hablarle a esa mujer de cabello castaño
que está sola en la mesa frente a los baños, o quiere estar sólo y sumergirse
en la música y en sus pensamientos, es de su agrado la música? Si todas las
condiciones ambientales están dadas para su deleite, proceda a sentarse y a
ordenar.
Al recibir su cerveza, huélala, pero no más de
veinte segundos, ya que su humor podría estropearla: recuerde que usted ha
acudido a ella con un propósito, es su elixir de salvación -al menos temporal-
y si se mezcla externamente con usted, todo el ritual habrá sido un fracaso.
Luego de haberla olido, revise el contenido a contraluz para ver su patético
reflejo, desfigurado por la espuma y las burbujas de la amarillenta
misericordia, ¡es eso lo que queremos borrar a sorbos! Un pequeño y prístino
chorro al suelo por las ánimas, el vaso a la boca y tras un brindis -en caso de
haber optado por la compañía- y la palabra 'salud', fúndase en un sólo espíritu
con la viva liquidez. Al primer sorbo, ud habrá empezado su cura.
Tras ver su cristal ya
menos lleno de cerveza, el líquido ingerido lo irá llevando cada vez más y más
adentro de sus pensamientos y su inconsciente aflorará a cada trago que vaya
tomando. En el segundo sorbo sentirá que es su momento, que nada ni nadie lo
pueden hacer romper ese clima de perfecta omnipotencia. Al tercer traguete,
sentirá el desorden de su vida, su visión de un futuro prometedor convertido en
un presente monótono e incierto. La llegada del cuarto beso a su cerveza lo
llevará a un momento del pasado, imborrable y ruin, en el que pensó que su vida
estaba por fin resuelta junto a la mujer de sus sueños. Después del quinto
usted pensará que ese recuerdo es tan perfecto que fue un idiota al no poder
haberlo comprendido en su momento y que toda esa situación de imperturbabilidad
y ensoñación no era algo normal que le pasara a usted o a las personas en
general: algo raro le había jugado la vida, y le había dado la vuelta a la
partida, después de la calma se avecinaba la tempestad y no al revés como
popularmente se ha dicho. Sorbo largo y profundo de rabia, el sexto. Una vez
'bebido el recuerdo', mano en la quijada y ojos perdidos hacia algún punto del
bar, será el primer momento de la noche en el que le preste atención a la
música y con sus dedos en la mesa tamborilee un poco al compás de la pista.
Tras varios segundos de pausa y silencio en la conversación y en la mente, en
caso de estar acompañado agardecerá a la/s persona/s presente/s por su amistad
y por la acogida a su discurso. Último sorbo que, aún no digerido
completamente, sale un poco de su boca mientras en voz alta y un poco enredada
pide la cuenta. El ritual ha finalizado.
Llegado este momento, el
ligero estado de ebriedad que la cerveza le ha proporcioando le será suficiente
para estar aturdido un momento, antes de volver a sus quehaceres, a su monótona
y rota vida, a su inexplicable e inútil existencia. Es por esto que la cerveza
es la bebida más popular alrededor del globo: no nos deja pensar en cuán
miserables somos, en cuán vacuo es nuestro paso por aquí, no nos cruza por la
cabeza el sinsentido de la vida. Y en caso de que usted, lector, sea una
excepción a esto dicho y por el contrario piense más en ello cuando está ebrio,
pues a usted la famosa rubia también le tiene agarrado el pulso, y lo envuelve
en sus nubes intoxicadas y le pinta un cielo prometedor, un mundo mejor y,
cuanto menos, aguantable y pasable -cómo no- con unas cuantas gotas de licor. Y
ya para finalizar: una 'pola', porque en estas líneas me agarró la
desesperanza, si no es que a usted también. ¡Salud!