viernes, 2 de marzo de 2018

Cómo tomarse una cerveza

    En una noche de fin de semana, cuando las obligaciones se toman una licencia para escapar de nuestra mente; para celebrar un esperado reencuentro o la amistad cotidiana; en un día caluroso; en el sofá de la casa al compás de nuestra música favorita; en todos estos momentos y muchos más, una cerveza podría ser la mejor aliada.

    Es más efectiva para la sed que un vaso de agua, pero no es desabrida; más fría que el café, pero igualmente estimulante; menos contundente que un vodka, un ron o un buen whisky, pero con la misma función de desinhibirnos. Este néctar amargo presenta un punto medio entre todas las bebidas, es el justo equilibrio en un universo líquido y el catalizador social por excelencia. En este breve —pero preciso— manual encontrará el paso a paso, o mejor, el sorbo a sorbo que lo guiará hasta reunirlo con la catarsis que se ha propuesto antes de comenzar a tomar.

    Para empezar, debe haber surgido una situación que busque la presencia de una cerveza y un fin, una meta que se quiera alcanzar con la ayuda de la bebida. Puede ser que un amigo suyo ha propuesto tomar una para celebrar, para olvidar, para pasar un buen rato, para la sed; puede que usted quiera dedicarse un tiempo a sí mismo, estar a solas, o, por el contrario, no tenga más remedio ni compañía para su vacío que una pola.

    Con la situación y el propósito claros, elija el lugar donde sus deseos serán saciados. Así pues, puede ser su lugar de confianza —aquel donde los alcohólicos más entregados al acto son reconocidos por su asidua presencia y por sus gustos particulares—, o un lugar de paso: una tienda o un pequeño bar que se les presenta a los transeúntes más desprevenidos y que les alivia su dolor de vida. También su propia casa es una opción. Recuerde que este punto puede verse afectado en caso de haber hecho una elección de compañía, al gusto de cada seguidor de esta guía.

    Luego de tener elegido el sitio, diríjase allí y examine el lugar: ¿está muy lleno o muy vacío para su gusto?, ¿quiere una mesa cerca de la barra, en la terraza —si fuma*— o en el fondo del bar para  quiere hablarle a esa mujer de cabello castaño que está sola en la mesa frente a los baños, o quiere estar sólo y sumergirse en la música y en sus pensamientos, es de su agrado la música? Si todas las condiciones ambientales están dadas para su deleite, proceda a sentarse y a ordenar.

    Al recibir su cerveza, huélala, pero no más de veinte segundos, ya que su humor podría estropearla: recuerde que usted ha acudido a ella con un propósito, es su elixir de salvación -al menos temporal- y si se mezcla externamente con usted, todo el ritual habrá sido un fracaso. Luego de haberla olido, revise el contenido a contraluz para ver su patético reflejo, desfigurado por la espuma y las burbujas de la amarillenta misericordia, ¡es eso lo que queremos borrar a sorbos! Un pequeño y prístino chorro al suelo por las ánimas, el vaso a la boca y tras un brindis -en caso de haber optado por la compañía- y la palabra 'salud', fúndase en un sólo espíritu con la viva liquidez. Al primer sorbo, ud habrá empezado su cura.

    Tras ver su cristal ya menos lleno de cerveza, el líquido ingerido lo irá llevando cada vez más y más adentro de sus pensamientos y su inconsciente aflorará a cada trago que vaya tomando. En el segundo sorbo sentirá que es su momento, que nada ni nadie lo pueden hacer romper ese clima de perfecta omnipotencia. Al tercer traguete, sentirá el desorden de su vida, su visión de un futuro prometedor convertido en un presente monótono e incierto. La llegada del cuarto beso a su cerveza lo llevará a un momento del pasado, imborrable y ruin, en el que pensó que su vida estaba por fin resuelta junto a la mujer de sus sueños. Después del quinto usted pensará que ese recuerdo es tan perfecto que fue un idiota al no poder haberlo comprendido en su momento y que toda esa situación de imperturbabilidad y ensoñación no era algo normal que le pasara a usted o a las personas en general: algo raro le había jugado la vida, y le había dado la vuelta a la partida, después de la calma se avecinaba la tempestad y no al revés como popularmente se ha dicho. Sorbo largo y profundo de rabia, el sexto. Una vez 'bebido el recuerdo', mano en la quijada y ojos perdidos hacia algún punto del bar, será el primer momento de la noche en el que le preste atención a la música y con sus dedos en la mesa tamborilee un poco al compás de la pista. Tras varios segundos de pausa y silencio en la conversación y en la mente, en caso de estar acompañado agardecerá a la/s persona/s presente/s por su amistad y por la acogida a su discurso. Último sorbo que, aún no digerido completamente, sale un poco de su boca mientras en voz alta y un poco enredada pide la cuenta. El ritual ha finalizado.

    Llegado este momento, el ligero estado de ebriedad que la cerveza le ha proporcioando le será suficiente para estar aturdido un momento, antes de volver a sus quehaceres, a su monótona y rota vida, a su inexplicable e inútil existencia. Es por esto que la cerveza es la bebida más popular alrededor del globo: no nos deja pensar en cuán miserables somos, en cuán vacuo es nuestro paso por aquí, no nos cruza por la cabeza el sinsentido de la vida. Y en caso de que usted, lector, sea una excepción a esto dicho y por el contrario piense más en ello cuando está ebrio, pues a usted la famosa rubia también le tiene agarrado el pulso, y lo envuelve en sus nubes intoxicadas y le pinta un cielo prometedor, un mundo mejor y, cuanto menos, aguantable y pasable -cómo no- con unas cuantas gotas de licor. Y ya para finalizar: una 'pola', porque en estas líneas me agarró la desesperanza, si no es que a usted también. ¡Salud!









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